Con buenos besos de las colonias, una fantasía histórica

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Entre las muchas colecciones presentadas este año en el Reuniones de fotografía de Arlesel Bureau DesLices da la bienvenida a laexposición hasta el 21 de septiembre.

Safia Belmenouar, comisaria de la exposición e historiadora, cuestiona la visión colonialista de las mujeres del Magreb, África e Indochina, a través de un conjunto de postales publicadas entre 1900 y 1930 aproximadamente.

Nuevo espacio ocupado por el festival, el Bureau DesLices [] tiene la particularidad de sumergir a los visitantes en un laberinto de habitaciones y pasillos iluminados por una luz roja hechizante, evocando tanto el resplandor rojo inactínico de un laboratorio fotográfico como la atmósfera voyeurista de un burdel. Y los dos ingredientes los encontramos en esta singular sala que acoge la exposición, a medio camino entre una reflexión sobre la mirada fotográfica y un erotismo colonialista.

Allí, cuatro mujeres, iconos de otro tiempo, nos miran con esas miradas que tenemos la impresión de habernos conocido ya. Y por una buena razón, ya sea en nuestros libros de historia o en una tienda de segunda mano, conocemos estos rostros porque pertenecen a nuestro pasado como colonos occidentales. Alimentaron, más o menos inconscientemente, el imaginario colectivo de una sociedad engañosamente curiosa. La que quería representaciones exóticas de su imperio, que la tranquilizaran en su dominación y la excitaran todo al mismo tiempo.

Al festival siempre le ha gustado detenerse en las formas vernáculas de la fotografía, me refiero a la fotografía modesta y funcional, que hasta hace muy poco tenía más su lugar en las cajas de chocolate que en los rieles de los museos. La postal es una de ellas. Donde descubrimos hoy que su propia estética es un increíble testimonio de la sociedad de ayer.

Sorprende a priori que un viajero de la época como cualquier funcionario adscrito a las colonias optara por enviar un pensamiento amistoso o íntimo detrás de una representación de una mujer seductora, incluso completamente desnuda.

El racismo primario de principios del siglo XX, que clasificaba a la especie humana en razas jerárquicas, tuvo sin duda la capacidad, bajo un pretexto antropológico, de sustraer la dosis de humanidad necesaria para que su modelo fotográfico se convirtiera en un simple objeto de curiosidad. Así, gracias a este pequeño turno, ya no enviaban fotos de mujeres con poca ropa, sino una imagen estereotipada, hipócritamente despojada de todo erotismo.

Así, los pies de foto de estas postales, que buscan un tono de neutralidad descriptiva, resultan desconcertantemente ingenuos. Porque si observamos más de cerca a estas jóvenes y su puesta en escena en un trabajado decorado, nos damos cuenta de hasta qué punto su atuendo, su pose, su sonrisa o ausencia de expresión, todo resulta de una mirada fotográfica occidental y ajena a ellas mismas.

Como recuerda Safia Belmenouar en la etiqueta de presentación, “” La representación de los cuerpos de estas mujeres, reducidos al estado de mercancía, respondía a los criterios dominantes de la época. Un siglo naciente donde la mirada era blanca, masculina y hegemónica. Así, las tres largas series de la exposición recuerdan para cada zona geográfica las descripciones que de estas mujeres hacen nuestros hombres. Vieron a las tonquinesas como perfectas esposas sumisas, a las negras africanas como salvajes tentadoras ya las que designaron como moras como princesas sulfurosas a las que domar.

En definitiva, es fiel a su título teñido de ironía: una excursión engañosamente ligera al país de la fantasía histórica.

La guinda del pastel es tener que caminar armado con una lámpara portátil, una pequeña lámpara que amaba a François Hébel para reproducir fielmente la luz del día. Este desfile final es a priori una divertida respuesta del director ante la limitación presupuestaria de tener que iluminar este espacio temporalmente dedicado al festival. Quizás podríamos arriesgarnos a una interpretación más metafórica, viendo al público mirar estas cartas, para arrojar luz sobre su pasado…

Colecciones de Safia Belmenouar y Marc Combier

Oficina de licencias

13200 Arlés

Del 7 de julio al 21 de septiembre

10 am – 7:30 pm

Entrada: 12 € (incluido el acceso a otras exposiciones del recinto) o precio cerrado.

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