Jugamos y bebemos frio gracias al Cold Boy

La imaginación de los aficionados al bricolaje no tiene más límites que la de los geeks. Y cuando los dos se cruzan, los resultados pueden ser sorprendentes. Aquí está Cold Boy, un cruce improbable entre una consola portátil (que ya no es portátil) y un refrigerador.

No es necesario buscar este modelo en los estantes ni llamar a los fabricantes: el Cold Boy es un modelo único, manipulado por un individuo con una imaginación desbordante y dedos ágiles. El parecido con la primera consola portátil de Nintendo no termina con los grandes botones rosas, la cruz gris y la pantalla monocromática que emocionaron a generaciones de jugadores. El conjunto es bastante funcional y, por supuesto, es posible comenzar un juego antes de servir un vaso de refresco muy frío.

No se trata de insertar uno de los famosos cartuchos grises (o de color en el caso de los Pokémon) en el compresor o en la cubitera: detrás de esta “proeza” se esconde, de hecho, un emulador (un software que imita el comportamiento del hardware de computación física como como ordenador o consola). Todavía teníamos que vaciar la puerta del refrigerador para colocar la pantalla y la Raspberry Pi que se usa para ejecutar el software. De hecho, el aislamiento (y por lo tanto la eficiencia) del Cold Boy se reduce, por no hablar de la liberación de calor (incluso limitada) de la pantalla.

Pero ante la posibilidad de jugar, perdonamos fácilmente este pequeño inconveniente.

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